domingo, 18 de octubre de 2009

Pedagogía del Sentimiento (Primera parte)

Estupefacto me quedé el otro día cuando la Superconcejala nos sugería en una reunión de la Mesa General de Negociación pasar por alto los sentimientos ligados a las personas que trabajaban o residían en la Comunidad Terapéutica “La Fortaleza de Ansite” ante la imprevisible situación que pudiera resultar de su cierre por razón de presupuesto.

Está claro que el hábito no hace al monje, ni al político el discurso; que haber pasado por cualquier programa de formación, incluso una licenciatura, no es garantía de Ser, esto es, de haber entendido el único y trascendente asunto de la existencia: VIVIR.

Siempre me referiré al Vivir sin molestar, dejando Vivir, sobre todo cuando se presupone que la ostentación de una responsabilidad pública conlleva implícita la vocación de servicio, con SENTIMIENTO.

Y en el Vivir “la palabra” es hasta el momento evolutivo en que nos encontramos nuestro más preciado recurso de comunicación y por tanto de encuentro y educación. A través de la palabra uno llega al otro en un intento pedagógico de promover el cambio capaz de producir el mayor estado de bienestar personal y comunitario en términos de calidad de Vida.

Por tanto es de obligada necesidad cuidar la emisión verbal y me atrevo a decir que su uso debería estar condicionado a su buena gestión. Hablar en clave educativa es un Arte del que deben abstenerse aquellas personas que aún no han entendido que la comunidad, el pueblo, es la principal galería donde sólo deben exponerse las mejores obras… que son las que salen del alma, del Sentimiento por un pueblo.

Con rotundidad y sin miedo al error, inherente a toda actividad humana, me atrevo a incluir “la palabra” en la caja de herramientas de la Pedagogía de la Inteligencia. Si anhelamos sujetos inteligentes, libremente inteligentes, estamos condenados a esmerarnos en el uso de los términos, siempre en el respeto al otro, que dicho sea de paso y de forma aclaratoria, es afortunadamente diferente: vive, piensa, opina, actúa y siente distinto. El paradigma “Aquel que no está conmigo está contra mí” atenta contra la misma naturaleza neurobiológica del que lo afirma hasta la radicalidad.

“La palabra” nunca debería ser usada para anular el Sentimiento ni como arma arrojadiza sobre el más vulnerable, porque la palabra de frialdad marmórea, desprovista de sentimiento, tiene el mismo peso que cualquier epitafio lapidario… y ello porque la propia palabra es el Sentimiento decorada de tonos y gestos que delatan la más íntima situación anímica y espiritual del alma que la emite. Hay que cuidar lo que se dice, fundamentalmente cuando uno ostenta el cargo provisional y caduco de concejal/a. La dignidad de la acción política está vinculada a la gestión de la palabra que es tanto como decir a la autogestión responsable.

Ser político conmina al adiestramiento del manejo del lenguaje que facilite el empoderamiento del ciudadano y su comunidad, devolviéndole así a ésta su capacidad de transformación y protagonismo en la historia. Claro que la palabra sale desde dentro y, por tanto, no es ajena al grado de desarrollo personal y humano de su patrono; dicho de otro modo, no se habla de una concreta manera por casualidad, más bien se da una relación causal. Escuchando el sentimiento de la palabra uno puede saber ante quién está.

Así que cuando en tal grado de responsabilidad pública uno no encuentra la palabra que supera el silencio, hace bien, o al menos menor estropicio, callándose… pero es cierto que esa actitud es patrimonio de los sabios que aunque no exhiban títulos sienten que su tarea de ser cada vez mejor persona acaba al menos con la muerte y que el éxito no es más que una muerte anticipada.

Cuando escucho alguna afirmación antipedagógica inconsciente que invita a excluir el sentimiento de los asuntos importantes vinculados a la tarea humana, me asalta la conciencia cuestiones como: ¿Es posible la Vida sin Sentir? ¿Dónde puede radicar el origen de tal exhortación de la concejala a tomar decisiones que afectan a la vida de las personas, profesionales e internos de la Comunidad Terapéutica “La Fortaleza de Ansite”, dejando a un lado el Sentimiento?

¿Está viva la pedagogía o es ya la hora de interpretar el Requiem a la Inteligencia en el solemne acto de la exaltación monumental al Sentimiento Caído? ¿Cómo puede convertirse el Sentimiento en piedra negando las voluntades y el dolor de los que consideran la Comunidad Terapéutica como su alternativa para recuperar la vida o mantener su vocación profesional? ¿Está tan lejos el tiempo en que Sentir la acción, el trabajo, era el mayor de los méritos en el Ayuntamiento de Santa Lucía?

Estoy convencido de que se trata de uno de los tantos lapsus pedagógicos derivados de la embriaguez que produce el poder y de sus efectos adversos en la ética y moral de los que se sienten dueño del Sentimiento. Es tal el daño neurológico que provoca la sobredosis de cargos que la concejala sobreocupada ha negado su condición profesional para desde el trono de la soberbia política desconsiderar el sentimiento de los profesionales e internos de la Comunidad Terapéutica, ante la incertidumbre derivada de su posible cierre. ¿Cómo se atreve a solicitar a los representantes sindicales que obviemos los sentimientos de los trabajadores para abordar determinaciones que pueden afectar seriamente a sus vidas?

Se hace imprescindible abrazar la humildad; abandonar el sistema de cruzada estilo medieval para abordar los conflictos. No es necesario, ni tan siquiera bueno, perseguir a nadie cuyo pensamiento o ideología no sea coincidente con el imperante (léase del imperio). Evidentemente el poder político es fatuo y exiguo… vamos, pasajero, y exige no perder de vista que el territorio de lo cotidiano debe ser custodiado porque más temprano que tarde uno tiene que volver a ser mortal, terreno. No le viene nada mal a la Superconcejala considerar su condición profesional para no autolesionarse pedagógica ni psicológicamente.

Existe la pedagogía del Sentimiento, aunque éste también sea perseguido interesadamente por el turno de oficio político, pues es tan sólo considerando el sentir de la persona como se puede alcanzar el más óptimo nivel de aprendizaje. No conviene disociar al ser humano de su mundo interno hasta límites de frialdad emocional propios de un tratado de patología del poder. El sentimiento es educable, no así la ñoñería y vanalidad.

Rotundamente Sí: si la pedagogía es algo es el arte de despertar el gusto por la vida, no por el poder; es la ciencia del Sentimiento capaz de incorporar tan noble naturaleza en todas sus pretensiones educativas… y es que cuando uno respeta el sentir de los demás, éstos le otorgan a uno la autoridad, la capacidad de entrar en sus vidas para con ellos adquirir compromisos de trabajo comunitario.

Usted debe de pedir perdón por ofender el sentimiento de los que se sienten en la cuerda floja, sobre todo cuando usted según accedió al poder (por cierto, en tiempo récord) garantizó la funcionarización de su plaza para cuando le suceda la vuelta al mundo real. Usted también formó parte de la red municipal de Atención a las Drogodependencias del Ayuntamiento de Santa Lucía y por tanto también estuvo sujeta al régimen de subvenciones, y sabe de ese sentimiento e inquietud… usted debe tranquilizar a los que en un momento de su vida laboral fueron sus compañeros, aunque ahora esté segura, es decir, se sienta segura… porque la alternativa no es cerrar-se para no ver los sentimientos.

Lejos de esta reflexión la naturaleza se impone, y es que si usted asiste y se sienta en torno a una mesa de negociación es porque siente, siente que es importante defender los intereses de un pueblo y de cada uno de sus vecinos. No renuncie a este sentimiento, por favor, aunque a otros les siga pareciendo que la política es la mejor forma de matar el sentimiento.

A sentir también se enseña, y tengo la completa seguridad que para ello no se hace imprescindible ir a la Facultad de Pedagogía, ni estar en el poder… pero eso será motivo de otro capítulo de la Pedagogía del Sentimiento.

Créame que esta espesa epístola está realizada con todo el cariño y la pedagogía natural y básica que mis padres pudieron practicar, pues si algo de lo expuesto le hiciera recapacitar estoy seguro que redundaría en el bien común de los vecinos que como yo Sentimos nuestro municipio.

La dignidad en el trabajo requiere el reconocimiento de que los que trabajamos en cualquier área y tarea, y aún cuando no estemos titulados, necesitamos el Sentimiento de Ser Persona Respetada.