lunes, 21 de septiembre de 2009

Mediados del 2.007: El aterrizaje de la "Superconcejala"

En esta ocasión les quiero contar un capítulo más de mi odisea en el Ayuntamiento de Santa Lucía. Tras la celebración de las elecciones municipales en mayo del 2.007, ocurrió un hecho trascendental para la historia de la humanidad en este planeta. Fue algo parecido a lo que el presidente Obama protagonizó en Estados Unidos al ser elegido, pero en versión municipal. Me refiero a la toma de posesión de una integrante del grupo de gobierno de este Ayuntamiento, a la que bautizaré como la "Superconcejala” (cuando escribo estas cosas llego a creer que estoy sufriendo un delirio psicótico, pero bueno…), que tuve que soportar cuando ya llevaba dos años apartado de buena parte de mis funciones.

Me refiero a esa persona que comenzó su andadura laboral criticando profundamente a los políticos de este Ayuntamiento, pero que poco a poco fue cambiando y acercándose a ellos, hasta tal punto de que hoy día ocupa uno de los puestos de mayor responsabilidad política en el grupo de gobierno de Silverio Matos y que, conociendo su ansia de poder, seguramente estará intentando machacar a sus compañeros para llegar a la Alcaldía. A esto en mi tierra se le conoce como ser “una trepa”, lo que me causa gran asombro pero ninguna envidia (trepar: dícese de la "virtud" de algunas personas de ascender no por méritos plausibles de capacidad y mérito, sino únicamente por saber persuadir a personas con poder de decisión dentro de la organización).

Pues bien, para aquellas personas que aún no hayan tenido el “placer” de conocer a la Superconcejala, sólo les comentaré algunas acciones que ha protagonizado esta muchacha:

- Durante su etapa como trabajadora, a finales del 2.003 fue denunciada a la misma vez por TODAS las trabajadoras que tenía a su cargo por acoso laboral (mobbing). Creo que ha sido la denuncia más grave contra un trabajador que se ha presentado aquí pero que de forma inexplicable quedó en el cajón del olvido, puesto que nunca más se supo sobre este tema ni se ejerció acción alguna para esclarecer lo denunciado. Eso sí, ninguna de las trabajadoras que denunció continuó trabajando en el Ayuntamiento… Curioso, ¿verdad?

- Al poco de comenzar como Superconcejala, en un pleno municipal no tuvo reparo alguno en votar a favor de que el puesto de trabajo que ocupaba entrara en un plan de estabilidad, pasando a partir de entonces de laboral contratada a ser funcionaria interina. Y eso sí, su plaza sigue vacante y sin estar ocupada, esperándola por si algún día deja la política (más bien será cuando la echen, porque esta señora se aferra al poder como los pediculus capitis a la base del cabello). Parece que la ética para abstenerse de participar en asuntos en los que tiene un interés personal directo no forma parte de sus convicciones, ¿o no?

- Y para no extenderme demasiado, una última anécdota: el año pasado esta persona se atrevió a afirmar por escrito que yo era un mal trabajador, porque me encargó varios trabajos y estuve diez meses sin realizarlos, desobedeciéndole de forma grave. Aprovecho esta ocasión para invitarle de nuevo a que demuestre eso con documentos, pero también le pregunto: si fuese verdad lo que dice, ¿por qué en esos diez meses no solicitó que me abriesen un expediente disciplinario? Y si soy tan mal trabajador para ella, ¿por qué en ocho años de servicios prestados al Ayuntamiento nunca me apercibieron ni me sancionaron disciplinariamente? ¿Creerá el ladrón que todos son de su misma condición?

En fin, si algún día se topan con la Superconcejala les recomiendo que anden con cuidado, porque probablemente no vayan a conocer en su vida persona más ruin y dañina. A mí no me quedará más remedio que lidiar con ella cuando regrese a mi puesto de trabajo en el Servicio de Salud Pública, Drogodependencias y Consumo, pero estaré preparado para defenderme si intenta pisotear mis derechos como trabajador, mis obligaciones como representante sindical de UGT y/o mi dignidad como persona.