miércoles, 4 de noviembre de 2009

Pedagogía del Sentimiento (Segunda parte)

A modo de resumen del capítulo anterior los compañeros deben saber que, a pesar de encontrarme en una situación de paro forzoso provocada por una decisión no valorada suficientemente y después de una cruzada al más arcaico y despreciable estilo otomano, donde prácticamente se me despoja de todas mis funciones y ello tan sólo por optar, en el ejercicio de mi libertad, por defender los derechos de los trabajadores del Ayuntamiento de Santa Lucía a través de la dedicación sindical; a pesar de ello sigo aquí con Sentimiento, sobre todo de Justicia, Sintiendo y temiendo la posible errónea determinación de cerrar la Comunidad Terapéutica “La Fortaleza de Ansite” y el programa de metadona, segando así las vocaciones profesionales de mis compañeros del Área y las esperanzas de las personas que aún Sienten el recurso y sus programas como única posibilidad de incorporarse a una sociedad de difícil sostenibilidad.

Usted, Superconcejala, me sorprendió gratamente en la última reunión cuando le pidió a un representante sindical que le confirmara la veracidad sobre su afirmación respecto al Sentimiento en la sesión anterior. Ello le honra, pues deja asomar atisbos de sentimientos de humildad. Dudar sobre lo dicho y su idoneidad le honra. Deseo que no haya sido un acto fallido.

No, como ve no puedo dejarme seducir en mi condición de representante sindical por su invitación a menospreciar el sentimiento en la delicada hora de posicionarme ante el futuro de la Comunidad Terapéutica y del programa de metadona. Y es por lo que persevero en el empeño de defender la pedagogía con Sentimiento, porque aún mi mortal condición limita la comprensión de la Vida sin Sentimiento... Todavía más, es justo el Sentimiento, sin desvelarle de qué tipo pues ofendería su inteligencia, lo que me lleva a este otro capítulo de la Pedagogía del Sentimiento. Y aunque me consta que segundas partes nunca fueron buenas, y si no mire como me ha ido a mí en mi segunda vuelta a la institución que usted codirige, no sé si será soportable y de su agrado una nueva edición educativa sobre la noble acción política pedagógicamente ejemplarizante.

… Perdone que insista, pero me resisto a pensar que la política y su práctica está disociada del sentimiento, pues es precisamente este divorcio, frecuentemente interesado, el que trae consecuencias que interfieren la sana relación y convivencia… Y yo personalmente la presupongo con un Sentimiento de bondad, al menos suficiente, como para conducir Santa Lucía a la categoría de Municipio Saludable que se merece, aunque difiera, y a los hechos me remito, en su estilo y modus operandi.

Está probado que si algo es la Política, es el arte de Sentir con el pueblo para luego hacer con su gente; y para ello usted necesita trabajadores que se Sientan motivados, tenidos en cuenta, tratados dignamente en su entorno laboral amén del personal. Es precisamente este desdén el que ha auspiciado el deterioro del contexto laboral municipal hasta el extremo de desalojar de su puesto de trabajo a personas de gran valía en su vida de servicio… y eso también es anemia intelectual que siempre acaba sufriendo el cuerpo social, los vecinos… y el cuerpo hay que cuidarlo porque si no corre el riesgo de que él mismo, el que le votó, le destierre y abandone.

Me gusta recordar a un amigo mío, actualmente en el exilio, que afirmaba categóricamente que la acción política si algo era, “era Acción Humanizante”… y que “todo lo que se opusiera a la Humanización de la Sociedad Santaluceña tendría otra denominación”… para la cual yo no encuentro eufemismo. Es trascendental hacer el diagnóstico diferencial a los efectos de no confundir el servicio con el beneficio.

Fue casi ayer mismo cuando las oficinas municipales del Ayuntamiento de Santa Lucía constituían una auténtica escuela pedagógica de trabajo y COMPROMISO, además de HONRADEZ; y estoy convencido de que el secreto del importante desarrollo social alcanzado, y reconocido allende de nuestros límites geográficos, radicó en el respeto por el Sentimiento. Está científicamente demostrado que el enfriamiento radical cuando se alcanza el polo del poder puede producir serios daños colaterales con probada repercusión frontal en el origen del mismo fenómeno, es decir , en su persona.

Decía Krishnamurti en su libro Cartas a las Escuelas, cuya lectura le recomiendo: “Usted tiene que ser bueno porque usted es el futuro. Lo que uno es por dentro acabará generando o bien una buena sociedad, o bien el deterioro paulatino de la relación humana”… Y no sé porqué siento que estamos perdiendo un precioso momento en la Escuela de la Vida para aprender a ser mejor persona.

La crueldad, también en el ejercicio del poder, es una enfermedad contagiosa y uno debe precaverse rigurosamente contra ella pues podemos convertir el mundo, el municipio o el propio ámbito de trabajo en un lugar peligroso para Vivir. Es por lo que me ratifico en la buena intención de mi diálogo interno que solidariamente lo amplifico porque me apetece compartirlo, no solamente con usted, sino con toda persona que aún defienda desde la mórbida convicción que es posible humanizar, educar, decidir sobre los demás y su futuro, sin Sentimiento. No hay mala intención, simplemente acepto el reto de aprender mientras le hablo.

Me alegro de ser sindicalista, además de profesional de la Salud, porque me siento aprendiz del Sentimiento, escuchando voces entrecortadas por arbitrajes administrativamente desacertados y de dudosa moralidad que en términos de exclusión o persecución han lesionado a compañeros de trabajo hasta la enfermedad, y con ello han privado al pueblo de sus bienes. Sí, soy un alumno de la Pedagogía del Sentimiento… y la satisfacción es mayor si cabe cuando muy cerca y en la propia Escuela de la Vida me rozan ejemplos de mala praxis que de alguna forma me advierten sobre la nocividad del poderío del ego.

Y créame cuando le digo que no es tan difícil confundir la demagogia con la pedagogía, sobre todo cuando se tiene por meta asustar la dignidad del que aún sigue sintiendo el trabajo como la mejor y más humana manera de servir a nuestra gente. Pero afortunadamente la pedagogía, a diferencia de la demagogia, además de acento tiene Sentimiento.

Pero confío en La Vida, la única Gran Pedagoga, porque en su inteligente silencio fluye un Natural Sentimiento de Equilibrio y Justicia posicionando a cada cual, como si de una verdadera escuela se tratara, en su emplazamiento adecuado para propiciar el aprendizaje más óptimo y humano. Y su puesto en el pupitre no hay quien se lo quite.

Así que no sentir para decidir es tanto como desnaturalizarse, renegar de su especie y género en los cuales la Vida le ha instalado y a la que nunca podrá rehusar aún cuando se sienta magnánima en su voluntad y multifacética responsabilidad.

Y es que la pedagogía existe, independientemente de quien habla o dice de ella, porque más allá de ser una licenciatura o materia de estudio es también una dinámica cerebral natural revelada a los que le ponen Sentimiento a la Vida y se han dado cuenta que antes de morir es preciso compartir sin dictar, enseñar mientras se aprende.

En la pedagogía del Sentimiento uno considera al otro educable, es decir, susceptible de cambiar sin atropello ni condena, libremente motivado por el sentirse cada vez más persona y útil, esté o no en sintonía con el ideario del Amo que educa domando, al más ancestral estilo resumido en aquella frase popular “la letra con sangre entra”.

No es bueno para la democracia ni tan siquiera pedagógico que la perversión se instale como mecanismo de control y criba, dejando en la cuneta inamovibles heridos del alma que aguardarán a su paso por si al final el dolor de la víctima es también la medicina del verdugo.

La pedagogía del Sentimiento es compatible con cualquier responsabilidad personal, profesional, social o política, basta con ser persona, o estar en la tarea de serlo, sin faltar a la verdad de que sólo con el Sentimiento de Libertad se podrá llegar a Ser Libre… Y eso es también lo que usted y yo queremos para nuestro pueblo.

A lo mejor el origen de la crisis que tanto estamos explotando lingüísticamente, quizás para despistarnos mientras despistamos, está en la demonización del sentimiento, pues como también decía Jiddu Krishanamurti “la propia naturaleza de la inteligencia es sensibilidad, que es amor”.

No se preocupe, no habrá más capítulos sobre la Pedagogía del Sentimiento, porque ahora le toca a usted practicar y verá que se sentirá paulatinamente mejor. Déjese enseñar por la Vida y perdone porque usted también necesita el Perdón, aunque soy consciente de que tanto para donarlo como solicitarlo es necesario tener Sentimiento.