viernes, 29 de enero de 2010

Un nuevo año en Santa Lucía



Irremediablemente, el tiempo transcurre con ese paso ligero con el que nos adelanta sobrepasando en ocasiones nuestra voluntad aunque nunca extinguiendo el profundo deseo de que las cosas, las situaciones y hasta las personas evolucionen hasta hacerlas compatibles con una vida social y personal más sosegada, esto es, más justa. De nosotros depende, pues las deidades del olimpo cuya estética y frialdad recuerda, y no pocas veces, las caprichosas actuaciones de los dioses políticos, se han roto con el desarrollo de la conciencia.

Por eso es momento propicio, en este arranque de año, para celebrar la evolución, el cambio indefectible al que estamos avocados aunque los poderes fatuos de los que se sienten dueño del destino de un pueblo que despierta se opongan, inútilmente se opongan. Aprovecho por tanto este primer tramo del calendario para el mejor de los deseos, quizás para el único y sensato deseo que ocupa el corazón de todo ser que se precie de humano: la más sana felicidad que emana del sentirse respetado aún en la más digna diferencia que nos identifica a cada cual.

Quiero que este breve relato sea también un especial apartado del blog que suscribo pues me congratulo, a pesar de las vicisitudes acaecidas, de las consecuciones reales, objetivables, del tiempo ya ido, así como aquellas imperceptibles al alcance de los que aún conocen y viven, más que hablan, el valor de la Honradez y el Compromiso.

No, al final se impuso la cordura y la inteligencia, porque confío más en ella que en el interés político, y no se cerró la Comunidad Terapéutica “La Fortaleza de Ansite”, por lo que los representantes de UGT nos unimos a la natural alegría de los que siguen contando con un recurso para rehabilitar sus vidas así como a los profesionales y trabajadores en general que dejan lo mejor de su conocimiento y actitud en tal loable tarea.

Asimismo reconozco mi satisfacción y la de los compañeros del sindicato por haber conseguido junto a todos los trabajadores del Ayuntamiento de Santa Lucía, aunque sea un cometido siempre inacabado y no exento de dolor, un mayor nivel de conocimiento y por tanto de capacidad para decidir libremente en el ámbito de lo laboral, fundamentalmente en lo que respecta a la defensa de los derechos que la normativa vigente nos confiere en el desarrollo de nuestra tarea profesional. A su vez, recordar las situaciones de verdadera unidad sindical que se han generado en estos últimos tiempos aún me sigue conmoviendo, y espero que los compañeros de CC.OO. e I.C. sigan confiando en que ese es el mejor camino para lograr los objetivos que nos unen a todos.

Seguiré estando próximo y atento en la responsabilidad de seguir promoviendo la dignidad en el trabajo de los compañeros, pues entiendo que es una cuestión primordial de higiene y salud mental con repercusión directa en la integridad de la persona y su familia y consecuentemente en el rendimiento y calidad de su quehacer y atención a la comunidad a la que nos debemos. No obstante confío en estar cerca, incorporado en mi puesto de trabajo, tan pronto como los tribunales rescaten el sentido común raptado en el oportunismo político de un régimen nacionalista que valora la savia de la “Palmera” asfixiando lo propio y original de su gente sin caer en la cuenta que el guarapo contaminado de arrogancia puede ser tóxico.

Si se me permite quiero ser agradecido con los ocupantes de la institución municipal, pues el nivel de dificultad elaborado para el entorpecimiento de mi función sindical lejos de hacerme dimitir ha suscitado mi pasión por la misma. Lamento la pérdida de recursos de toda índole, incluso de tiempo y económicos, derivada de tan desdichada e inútil persecución. Estar en política exige un Ser reflexivo para entender que hay otra manera de hacer las cosas, y que el Tener, incluso poder, no es más que una eventualidad circunstancial.

Por último es bueno considerar que con este período 2.010 inauguramos una década que esperamos que sea, también en Santa Lucía, prodigiosa en términos de justicia y solidaridad.