
Tercera Parte: Cómo “taparle la boca” a los representantes de los trabajadores (o, lo que es lo mismo, la acción sindical como amenaza al espíritu sectario de los que gobiernan este Ayuntamiento).
Finalizando ya este año 2.009, les relato un nuevo capítulo de este práctico manual, cuyos contenidos no nacen de ninguna teoría ni hipótesis abstracta, sino de mi experiencia laboral real. Y es que la acción de los sindicalistas en este Ayuntamiento se presenta como una verdadera odisea ante el amedrentamiento y las represalias ejecutadas por parte de políticos-verdugos que presumen de ser progresistas, de defender la participación ciudadana y hasta los derechos humanos. Están buenos ellos para visitar la fundación “Vicente Ferrer” y sacarse una foto con Aminatou Haidar, pisoteando al mismo tiempo los derechos de los santaluceños…
Y es que:
- Ya me lo advertía el Alcalde Matos en el mes de julio de 2.008 cuando, a petición mía, tuvo la gentileza de reunirse conmigo y, tras exponerle la situación de acoso laboral que estaba sufriendo en el Ayuntamiento, con un cinismo difícilmente superable me comentó: “Pablo, lo que pasa es que tú le dedicas muchas horas al sindicato”.
“Es que los trabajadores me han elegido para representarlos usando las horas sindicales que me corresponden por ley…”, le contesté con una cara de decepción al constatar su verdadero e indecente talante.
- Pero dos meses más tarde (a comienzos de septiembre), la Jefa de Recursos Humanos me impidió estar presente en la celebración de una prueba de unas oposiciones, e incluso se negó a reflejar tal circunstancia en el acta del tribunal… ¿qué estaría ocultando? ¿El enchufismo de alguna amistad quizás?
Pues bien, no me quedó más remedio que denunciar dicha conducta antisindical ante la Policía Local. A los pocos días me responde por escrito el Alcalde felicitando a la Jefa de Recursos Humanos por su magnífica labor y amenazándome con la intervención de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad ¡¡del Estado!! si volvía a entorpecer los procesos públicos… ¿me veían acaso como un terrorista islámico? Podían haberme amenazado simplemente con la Policía Local, ¿o no?
- El día 22 del mismo mes de septiembre, y en vista de que yo seguía defendiendo los derechos e intereses de los trabajadores, el ex-concejal del pelo blanco (sí, ese que dejó la política porque le entró una “magua” repentina de volver a ser maestro de escuela) me dedicó esta frase lapidaria como antesala a mi despido: “De todas maneras, Pablo, estamos estudiando llevar a cabo una reestructuración en el Servicio de Salud Pública…”. Cuando le pregunté si eso lo tenía que considerar una amenaza, se salió por la tangente, pero posteriormente comprobé que sí lo era cuando la llevaron a la práctica.
- A pesar de los “amables consejos” que me dispensaban estos “demócratas”, no caí en el desánimo. Cuatro días después asistí a una reunión del Comité de Seguridad y Salud para exponer una serie de graves deficiencias que había detectado en materia de salud laboral como, por ejemplo, las penosas condiciones que estaban sufriendo los/as compañeros/as de Servicios Sociales en el edificio alquilado en el que trabajaban (sin ventilación, a altas temperaturas, etc…).
En definitiva, mis aportaciones, lejos de ser tenidas en cuenta por el Concejal de Recursos Humanos, le sirvieron de inspiración para, diez días después de la mencionada reunión, cesarme como miembro del Comité. Otro detalle caciquil sin importancia…
- Y, por último, para intentar “taparme la boca” de forma definitiva (silenciando de esa manera una voz de los empleados públicos del Ayuntamiento), me despidieron en la forma que ya todos ustedes conocen, situación que gracias a la Justicia se revertirá en breve.
Como ya he comentado en alguna ocasión anterior, les aconsejo que, si estos gobernantes municipales intentan cometer algún atropello contra ustedes, lo único que nunca deberán hacer es no hacer nada. Ante la represión, resistencia con dignidad.
Le deseo a todos los vecinos de Santa Lucía un año 2.010 cargado de SALUD y JUSTICIA. Justicia que no sólo procede de los juzgados, sino también de los proyectos individuales y colectivos que emanan de la ética y bondad de los seres humanos. FELICIDADES.
P.D.: Señor Silverio, si no le gustan los sindicatos, ¿por qué no le propone a Zapatero que promulgue una Ley para que desaparezcan? Muerto el perro se acabó la rabia, ¿no?
